Mi nombre es Maria José, yo he sido siempre una persona de una fe católica tradicional y yo fui a un retiro parecido a los que organiza este ministerio en el que se hablaban muchas cosas que me parecían muy bonitas pero que no me las creía mucho o me parecía que no eran para mí, porque como ya os he comentado, yo venía de una Iglesia muy tradicional.
El retiro tuvo una duración de tres días, y el primer día del retiro, yo tenía que estar sentada, y casi siempre con la pierna apoyada en un taburete o en una silla. El segundo día hubo adoración, y en esa adoración, por la tarde, el sacerdote comenzó a decir que pasaría con la custodia y que se pararía delante de cada uno de nosotros, así que aprovecháramos para pedir. Que pensáramos que era el Señor mismo el que iba a pasar, igual que cuando estaba vivo por Galilea, y que cuando Él pasaba, siempre había milagros. Entonces, que cuando Él pasara, pidiéramos lo que quisiéramos. Y bueno, yo ni lo pensé. Cuando el Señor llegó a mí, le dije: “Señor, si Tú quieres, puedes sanarme, yo no me opongo”.
Entonces terminó la adoración y esa noche noté que a mí no me dolía la pierna, pero como era la primera vez que yo asistía a un retiro donde hablaban de sanación y de la obra salvadora de Jesús, pues para mi me pareció una casualidad, así que me acosté esa noche y siempre dormía con una almohada debajo de la pierna y despertaba por la noche con dolor. Pero esa noche desperté por la mañana y dije: “¡Madre mía, la pierna me sigue sin doler!”, pero bueno, esto puede ser una ilusión mía. Y yo dudada.
Entonces bajé a laudes y el Salmo decía que las obras del Señor había que proclamarlas, no había que callarlas, y fue un Salmo que a mi me descolocó. Porque yo pensaba: “¡Madre mía, pero qué voy a decir, si yo no sé si me ha sanado! El caso es que a mí no me duele, pero yo no sé si me ha sanado”. Y yo tenía muchas dudas.
El caso es que cuando terminamos, fui a hablar con la responsable del retiro y le dije, mira, me ha pasado esto, anoche pedí al Señor en la adoración que me sanara y se me ha quitado el dolor, pero todo esto para mí es muy nuevo, y el Salmo de hoy dice que hay que proclamar las obras del Señor. Entonces me invitó a dar testimonio.
De esto hace ya unos años, el dolor se fue completamente, pero los bultos que yo tenía en la pierna se quedaron, pero luego poco a poco se fueron desapareciendo. Yo siempre estaba con medias de compresión. Más tarde, me di cuente de que esta sanación había comenzado unos meses antes, porque antes de morir mi padre yo viví un proceso en el que le conseguí perdonar, en la última hora de su muerte yo le conseguí perdonar.
Ahora veo el camino de Dios en mi vida. Mi testimonio hoy consiste en glorificar lo que el Señor hace por nuestros cuerpos pero también por nuestro espíritu, porque yo quedé liberada también a través de ese perdón.
Testimonio dado el 11 de diciembre de 2021 en la parroquia Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Madrid
